Las cuentas de la permanencia del Deportivo Alavés en Primera, que contra el Athletic han recibido un rejonazo de los que duelen bastante , tienen múltiples cambiantes en las que mantenerse. Pero ciertas de ellas son de obligado cumplimiento si el plantel albiazul busca amarrar la cantidad bastante de puntos que le permita quedarse entre los más destacados. Una de ellas pasa por defender bien.
Aun muy bien. Algo que el Alavés ha demostrado no ser capaz de realizar durante 19 jornadas, ya media temporada, en las que fué inútil de dejar la portería a cero. El Athletic le endosó cuatro goles , primer contrincante que lo realiza este curso. Ahora tiene 4 partidos para taponar una hemorragia que amenaza con mandarle a un pozo muy oscuro.
Entre el optimismo de verse autor de una notable eficacia ofensiva y la inconsciencia de creerse capaz de conseguir que las cuentas cuadren solo merced a los tantos a favor hay un trecho pequeño. Una ilusión que puede hacer pasar por alto una situación que el capitán albiazul expuso contundentemente. Antonio Blanco, poco dado a declaraciones vehementes, dio en la diana tras el partido. «No podemos meter tres goles todos y cada uno de los días. No puede ser. Es imposible que prosigamos en Primera si nos meten 4 tantos », resumió el cordobés.
Las esperanzas albiazules solo pasan por mudar una situación de la que ha sido inútil de despojarse. Lejos de mostrar una mejoría , el choque ante el conjunto rojiblanco desnudó esa endeblez de la estructura protectora albiazul. El Athletic, que llegaba a Mendizorroza aún con el temblor en el cuerpo de verse sin esperarlo bastante lejos del descenso, tiró cuatro veces entre los tres palos y marcó cuatro tantos.
Ni siquiera se puede mantener que el bloque de Ernesto Valverde cuajara un choque brillante o una oda al fútbol ofensivo. Le bastó con reencontrar a sus estrellas, perdidas hasta hoy , y valerse de la carencia de contundencia albiazul. Un regalo que aprovechó con máximo acierto, es cierto , pero propiciado por un Alavés que puso todas las facilidades probables.
Los 2 primeros goles rojiblancos, de Robert Navarro y Oihan Sancet, compartieron trazos. En ellos la defensa albiazul fue espectadora y no partícipe. Los zagueros albiazules recularon y recularon sin robar el balón y ni siquiera derribar a los atacantes. Suyos fueron los méritos de conectar sendos tiros de campanillas ante una defensa pasiva. La intención no es suficiente para pasar de la sensación de determinada seguridad que la zaga albiazul encontró en la primera parte -primera oportunidad desde el empate frente al Villarreal de la jornada 28 donde no otorga en los primeros 45 minutos- al desquicie general por encajar 4 tantos sin apenas oponer resistencia.
El bloque albiazul muestra una alarmante falta de contundencia e incapacidad de administrar sus ventajas
Este Alavés tiene defectos que Quique Sánchez Flores no consiguió aún remendar. Lo es una palpable carencia de piezas protectoras , aunque el madrileño parece no hallar la solución ni en un Pacheco titular indiscutible en la primera mitad del curso ni en Koski. Ni siquiera se lanza a probar a alguno de ellos. El finlandés amasa apenas 11 minutos desde su llegada en el primer mes del año que intimidan con situarle como uno de los fichajes más intrascendentes de la historia albiazul en Primera.
El fallo defensivo albiazul es también multiorgánico. Viene desde un déficit estructural que no solo involucra a los zagueros, sino a todo un aparato inútil de cortocircuitar el juego ofensivo de los oponentes. Este Alavés tampoco sabe defenderse con el balón en los pies. Muchas materias atentos que va a deber corregir en cuatro partidos. La única forma de eludir el rotundo suspenso.

